“El equipaje del alma”

 Preparo mi equipaje para un viaje, dudo acerca de los objetos que debo agregar, dudo si en las fronteras sospecharan que mi equipaje no fue preparado para un viajero o para una estancia corta en el extranjero, dudo cuando podré volver a lo que llamo hogar y dudo que debo traer conmigo a esta larga travesía llamada migración.

Para una persona que ha decido enfrentar el periplo de la migración preparar su equipaje parece una tarea titánica, necesita considerar que su equipaje debe responder a las condiciones de su viaje, un punto importante son las decisiones sobre ¿Qué llevar? ¿Qué puedo arrancar de mi contexto social y traer conmigo?, la investigadora Natalia Alonso Rey (2016) en su artículo denominado “De objetos y migraciones: hacer las maletas” asegura que la preparación de este equipaje va a depender de las circunstancias, razones y expectativas por las cuales el ciudadano ha tomado la decisión de migrar o de cambiar de país de residencia.

Los procesos de selección de objetos y armado de las maletas están enlazados con las maneras en que se produce la migración y con los proyectos migratorios, que comienzan a diagramarse junto con los objetos. Armar maletas implica seleccionar, entre las cosas, entre recuerdos, entre historias (Alonso Rey, 2016, p. 37)

El equipaje de un inmigrante no solamente incluye dinero, documentos, ropa y zapatos, cada uno lleva consigo el “equipaje del alma”, un equipaje muy particular y personal donde traslada la esencia del humano que representa, algunos de los artículos del “equipaje del alma” son la cultura e idiosincrasia, otros representan los valores, creencias, expresiones y más.

Si se parte de la premisa de que se migra con todo este equipaje se tiene claro que los nuevos llegados o inmigrantes alcanzan el nuevo país de residencia con todo un bagaje cultural y espiritual, que en muchas ocasiones puede entrar en conflicto y confrontaciones con los valores y constructos sociales de la sociedad de acogida.

Podríamos hablar de un “choque cultural” entre las expresiones, valores y formas de ver el mundo de los migrantes con lo que ofrece la sociedad del nuevo país de residencia, aspectos tan simples como los productos disponibles en el supermercado, las reglas sociales de “buenos modales” o las formas de sociabilización pueden ser nuevas para los inmigrantes y requieren de un proceso de adaptación.

El contacto intercultural puede suponer un choque entre distintos valores, creencias, normas y formas de actuar que poseen miembros de dos culturas diferentes.  Este choque cultural se ha definido como el estado general de depresión, frustración y desorientación de la gente que vive en una nueva cultura (Zlobina, Basabe, & Páez, 2004, p. 46)

Este “choque cultural” puede ser visto desde distintos ámbitos: como una oportunidad de crecer y de aumentar la cantidad de artículos que conforman ese “equipaje del alma”, como un dilema sobre la asimilación de la nueva cultura o también el “choque cultural” puede abordarse como una diferencia, lo que podría desembocar en dolor o en la búsqueda de ocultar dichas manifestaciones culturales como barrera de protección ante la xenofobia y las expresiones de rechazo; “el choque cultural conlleva el darse cuenta de las diferencias existentes, sentirse impactado por ello y hacer frente a las dificultades que surgen” (Zlobina, Basabe, & Páez, 2004, p. 46). En cualquier caso, se requiere que los grupos humanos que se encuentran en este camino de la migración tengan las herramientas necesarias para valorar al otro desde la comprensión y la participación, no desde el desprecio y la destrucción.

Lamentablemente este “choque cultural” de los “equipajes del alma” puede desembocar en la construcción del “otro”, del inmigrante, como un ser diferente, cuyas expresiones culturales y espirituales, al ser tan diferentes, no caben en la sociedad de acogida y por esto se termina alimentado esas expresiones de odio, xenofobia y rechazo que son fáciles de rastrear en la web.

La aculturación supone a menudo el crecimiento de la población, una mayor diversidad cultural, la fragmentación social, y la aparición de reacciones negativas (prejuicio, discriminación, racismo) y cambios socio-políticos. Sin embargo, el impacto de la aculturación será más fuerte sobre los grupos minoritarios (Cabecinhas & Cunha, 2017, p. 38).

En este escenario de rechazo y odio de las expresiones culturales foráneas es que los inmigrantes se encuentran ante un dilema ¿Continúo expresando mis particularidades culturales, propias de mi país y de la cultura en que crecí o renuncio a ellas para mimetizarme en la nueva sociedad de acogida? ¿Asimilo la nueva cultura del país de acogida o me enfrento a la marginación cultural y al rechazo?

Para empezar es preciso apuntar que asimilación no es precisamente sinónimo de renuncia al “equipaje del alma” con el que se arribó al nuevo país, por el contrario, se puede encontrar equilibrios entre las expresiones culturales, espirituales y los valores que me caracterizan como inmigrante con lo ofrecido por la nueva sociedad de acogida, pero para esto se requieren esfuerzos colectivos relacionados con la aceptación y la valoración positiva de lo culturalmente diferente; por otro lado tampoco hay que ser tan fatalistas en afirmar que de mantener las expresiones culturales de mi país me estoy resignando a ser un paria dentro de la nueva sociedad de la cual estoy procurando ser parte.

No hay necesidad de mimetizarse, las sociedades globales contemporáneas viven en una conexión constante entre diversos grupos culturales y étnicos, ya vivimos en comunidades donde fácilmente se puede ser vecino de un pakistaní ateo, un vietnamita musulmán o un latinoamericano budista, de todas formas nuestros sistemas sociales y educativos deben afrontar la sociedad en que nos desenvolvemos, una sociedad donde la diferente es la regla y no la excepción, estamos en un momento en la historia donde la homogenización y el genocidio cultural ya deben ser aptitudes de un pasado lejano.      

Nuestras reflexiones también deben ir encaminadas a examinar el papel de la escuela, este ente de socialización cumple un papel fundamental a la hora de desarrollar herramientas a favor de la multiculturalidad. En esta sociedad contemporánea e interconectada no es de extrañar que en un aula escolar nos encontremos con inmigrantes o con los descendientes de estos, tener a un alumno extranjero es una perfecta oportunidad para entrar en contacto con ese “equipaje del alma”, que de lo contrario tendríamos que buscar material en la internet para comprenderlo, ya no es necesario mostrar un video en redes social sobre el taoísmo si en la clase de una escuela rural de Suecia tenemos a un inmigrante que creció dentro de esta expresión cultural y religiosa. 

Imaginemos que la o el docente y todos los agentes que conforman la comunidad escolar valoran de manera positiva los beneficios de acercarse al acervo cultural, idiosincrasia y espiritualidad de los alumnos extranjeros y de las familias migrantes que conforman la sociedad en que se vive, no solamente se abrirán espacios para que los inmigrantes puedan expresar y compartir su cultura, sino que también se les brindará la oportunidad de participar en sociedad, el mensaje que se está enviado es claro: “pueden mostrarse tal y con son, deseamos acercarnos a su cultura, no es necesario ocultarse, es bueno ser diferente”.

Lastimosamente esta no es la regla, no es difícil encontrar centros educativos que se han llenado de población inmigrante y que no tienen las herramientas para afrontar la situación, al final no obtienen beneficios de esa diversidad presente en el aula y por el contrario perciben la presencia de extranjeros como un problema. Beniscelli, Riedemann y Stang (2019) han estudiado la presencia de estudiantes inmigrantes en los centros educativos chilenos, ellas aseguran que  

Es posible aventurar que los lineamientos que han llegado a escuelas y liceos respecto de cómo trabajar con un alumnado proveniente de diferentes países son más bien escasos, por lo que en la práctica profesores y directivos “han reaccionado de modo intuitivo” (2019, p. 396)

Visualizar una escuela más proclive a la diversidad cultural y al aprecio a la migración es la clave para empezar a incidir en las nuevas generaciones, si deseamos crear herramientas a favor de la interculturalidad este es un buen lugar para dar los primeros pasos. Tal vez con esto los recién llegados o los inmigrantes no tengan que entran en el dilema de ocultar su “equipaje del alma” para mimetizarse en la nueva sociedad de acogida, tal vez este sea el inicio para gestionar mejor la migración y comprender que este fenómeno ha acompañado la evolución humana desde los primeros días de existencia de la especie.

 

Bibliografía

 

Alonso Rey, N. (2016). De objetos y migraciones: “hacer las maletas”. Ankulegi, 31-46.

Beniscelli, L., Riedemann, A., & Stang, F. (2019). Multicultural, y sin embargo asimilacionista. Paradojas provocadas por el currículo oculto en una escuela con alto porcentaje de alumnos migrantes. Calidad en la Educación, 393-423.

Cabecinhas , R., & Cunha, L. (2017). COMUNICAÇÃO INTERCULTURAL: Perspectivas, dilemas e desafios. Braga: EDIÇÕES HÚMUS.

Zlobina, A., Basabe, N., & Páez, D. (2004). Adaptación de los inmigrantes extranjeros en España: superando el choque cultural. Migraciones , 43-84.


Imagen tomada de: https://www.icrc.org/es/document/una-ruta-en-blanco-y-negro-camino-del-migrante-ecuador-peru-cicr




Comments

Popular Posts